Traducido del inglés. Se agradecen correcciones.
El piso marcado con F: las pequeñas supersticiones que todavía moldean la vida cotidiana en Corea
El ascensor de un edificio de altura media en Mapo-gu (마포구), Seúl, marca 1, 2, 3, F, 5. Nadie dentro lo comenta. Un repartidor pulsa la F, sale con una bolsa de pollo frito y las puertas se cierran sobre un piso que es el cuarto en todos los sentidos menos en su etiqueta. Es el primero de muchos pequeños ajustes que un visitante nota sin que nadie se lo explique. Estos hábitos están más cerca de los buenos modales que de la creencia, y la mayoría de la gente los mantiene con un leve encogimiento de hombros.
El botón marcado con F
El problema es una sola sílaba. En los números sinocoreanos, cuatro se dice sa (사), y el carácter de la muerte, 死, se lee igual. Por escrito nadie los confunde, pero suenan tan parecidos que muchos ascensores de bloques de apartamentos, hospitales y hoteles antiguos marcan el cuarto piso con una F, por la palabra inglesa four. Algunos edificios eliminan el número por completo, de modo que el 5 queda justo encima del 3 y tu cuenta mental se desfasa en uno.
Con los números de habitación ocurre lo mismo. El pasillo de un hospital puede pasar del 403 al 405. Un motel antiguo cerca de una estación como Yeongdeungpo (영등포) puede no tener ninguna habitación terminada en 4. El mismo sonido incomoda en Japón y China por la misma razón, así que la F es una costumbre regional más que una rareza coreana. Si tu tarjeta llave dice 4F, tómalo al pie de la letra. Muchas torres nuevas numeran todos los pisos sin rodeos.
El color con el que no se escribe un nombre
Pídele a un colega coreano un bolígrafo para rellenar un formulario y rara vez te dará uno rojo. Escribir el nombre de una persona viva con tinta roja, ppalgan pen (빨간 펜), se asocia con la muerte. La explicación habitual es que antiguamente los nombres de los difuntos se escribían en rojo. Los profesores siguen corrigiendo las tareas en rojo y a nadie le importa. Lo que cuenta es el nombre, no el color.
Los visitantes se topan con esto en lugares más tranquilos que una oficina. Uno es el bangmyeongnok (방명록), el libro de visitas abierto en una casa de huéspedes de la aldea hanok de Jeonju o sobre el mostrador de un pequeño café. Otro es la tarjeta de cumpleaños para un anfitrión, o el nombre que escribes en un paquete. Si hay un bolígrafo negro o azul, usa ese. La mayoría no diría nada si usaras el rojo, y ese silencio forma parte de cómo funciona la costumbre.
Lo que se pega y lo que resbala
Cada año, ya avanzado el otoño, las tiendas de conveniencia y las panaderías junto a las salidas del metro apilan cajas de yeot (엿), un caramelo masticable de arroz, y de chapssal-tteok (찹쌀떡), tiernos pastelitos de arroz glutinoso rellenos de frijol rojo. Son regalos para los estudiantes que se presentan al Suneung (수능), el examen nacional de acceso a la universidad. El chiste está en la gramática: butda (붙다) significa a la vez pegarse y aprobar. Algunos paquetes de regalo incluyen además un tenedor, por jjikda (찍다), pinchar o atinar a la respuesta correcta. Otros traen un rollo de papel higiénico, para que las preguntas jal pullida (잘 풀리다), se desenrollen sin tropiezos.
El alimento que conviene evitar es el miyeokguk (미역국), la sopa de algas. Es el desayuno de cumpleaños por excelencia, pero el alga es resbaladiza, y en la jerga comer sopa de algas equivale a suspender. Muchas familias la retiran de la mesa la semana del examen. Esa mañana el país enmudece alrededor de las sedes, y en los últimos años incluso se han retenido vuelos durante la sección de comprensión auditiva de inglés. El ministerio fija la fecha cada año, así que consúltala si tu viaje cae en noviembre.
Regalos que viajan a casa en la Línea 2
Una tarde de fin de semana en la Línea 2 (2호선) de Seúl, quizá veas a alguien sosteniendo un enorme paquete de rollos de papel higiénico como si fuera un trofeo. Probablemente va camino de un jipdeuri (집들이), una fiesta de inauguración de casa. El papel higiénico le desea al nuevo hogar una vida en la que todo se desenrolle con facilidad. El detergente para la ropa, seje (세제), desea que la buena fortuna crezca como la espuma. Ninguno de los dos es un regalo de broma. Ambos se usan, y ambos son fáciles de encontrar en cualquier supermercado cerca de tu parada.
Los zapatos, sinbal (신발), son el regalo que hace dudar. Un viejo dicho asegura que si le regalas zapatos a alguien a quien quieres, los usará para alejarse de ti. Las parejas que quieren regalarlos de todos modos a veces piden a quien los recibe que devuelva una moneda, con lo que el regalo se convierte en una compra. Dicho en voz alta, suele ser una broma cariñosa. Aun así, conviene saberlo antes de elegir un regalo para tu pareja o un amigo coreano.
Cosas que es mejor dejar para la mañana
Los parientes mayores tienen una breve lista de cosas que no deben hacerse después del anochecer. Silbar de noche, hwiparam (휘파람), dicen que atrae a las serpientes, o algo peor, según quién lo cuente. Cortarse las uñas de noche, sontop (손톱), se remonta a un cuento popular en el que un ratón se come los recortes y adopta tu rostro. Los niños oyen ambas advertencias antes de tener edad para dudar de ellas, y muchos adultos todavía sienten una pequeña reticencia ante cada una.
El hábito diurno del que más probablemente le hablarán a un visitante es mover la pierna bajo la mesa. En un restaurante familiar, una abuela puede darte un toquecito en la rodilla y decir una sola frase.
다리를 떨면 복이 나간다.
Significa que, al mover las piernas, la buena fortuna se te escapa; bok (복) es la fortuna que aparece impresa en los sobres de Año Nuevo y en los cuencos de arroz. Es mitad superstición y mitad modales en la mesa, y llega como una corrección amable, no como una reprimenda.
Un cerdo en un sueño, un boleto al final de la semana
Los sueños se interpretan con la seriedad suficiente como para actuar en consecuencia. Un dwaejikkum (돼지꿈), un sueño con un cerdo, es la señal clásica para comprar lotería, porque el cerdo simboliza la riqueza. La gente también guarda el taemong (태몽), el sueño que alguien de la familia tuvo antes de que naciera un niño. Se le vuelve a contar a ese niño durante años, como una pista sobre la persona en que se convertiría.
Puedes ver el sueño del cerdo en acción en un bokgwon panmaejeom (복권 판매점), un quiosco de lotería. Los más concurridos cuelgan pancartas que cuentan cuántos boletos ganadores del primer premio del Lotto 6/45 han vendido. Se forman colas en las tiendas que la gente llama myeongdang (명당). La palabra viene de la geomancia, donde designaba un emplazamiento propicio para una casa o una tumba. Hoy también significa un quiosco que ha vendido un boleto ganador.
Dónde encontrarlas, y algo que conviene evitar
No hay un único lugar al que ir para ver nada de esto. El mejor terreno es lo cotidiano: el ascensor de un edificio residencial en Mapo o Seongbuk-dong (성북동), un libro de visitas en Bukchon (북촌), los estantes de regalos junto a la salida de una estación a finales de otoño, una cola de lotería un fin de semana. Ven en las semanas previas al Suneung si quieres ver los puestos de yeot en su momento de mayor actividad, y consulta la fecha del examen que anuncia el ministerio y el sitio VisitKorea de la Organización de Turismo de Corea antes de fijar tus días de viaje. Los precios de los paquetes de regalo para el examen varían según la tienda. Los precios de los boletos de lotería y los límites de edad los fija el operador oficial, así que confírmalos en su sitio web o en el mostrador del quiosco.
El error que conviene evitar es pequeño: escribir en rojo el nombre de un amigo o anfitrión coreano, ya sea en una tarjeta, una página del libro de visitas o una etiqueta de regalo. Rara vez provocará una escena, y precisamente por eso puede que nadie te lo diga. Toma el bolígrafo azul. No interrogues a la gente sobre si cree en algo de esto. La mayoría lo vive más como costumbre que como fe, y te lo dirá así si simplemente te dejas llevar.
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