Traducido del inglés. Se agradecen correcciones.
El paraguas en la puerta: fundas, paragüeros con llave y la discreta etiqueta de la lluvia en Japón
En Japón, la lluvia cambia las reglas de la entrada. En una tarde húmeda de tsuyu (梅雨), la temporada de lluvias de junio, unos grandes almacenes, un local de fideos o una biblioteca tienen algo en el umbral esperando para encargarse de tu paraguas. Y la sala que hay detrás espera que lo uses.
La funda de la entrada
En los grandes almacenes y en las estaciones más grandes, un soporte junto a la puerta dispensa unas finas fundas de plástico llamadas kasa-bukuro (傘袋). Introduces el paraguas cerrado en la ranura, empujando hacia abajo, y sale enfundado, así que no gotea nada sobre el suelo pulido del interior. Algunos edificios más nuevos han sustituido la funda por un pequeño secador forrado de cepillos: pasas el paraguas por él una vez antes de entrar.
El paragüero de la llave de madera
Los lugares más pequeños usan un kasa-tate (傘立て), un soporte con ranuras numeradas. Es el caso de los sento de barrio, los restaurantes de toda la vida, las clínicas y algunas bibliotecas. Muchos tienen una cerradura en cada ranura: deslizas el paraguas dentro, giras la llave y te llevas una pequeña placa de madera o de plástico. Funciona como la llave de la taquilla de zapatos en un baño público, y el cartel de encima suele decir kasa wa kochira ni o-ire kudasai, es decir, por favor, deje aquí su paraguas.
傘はこちらにお入れください。
El paraguas transparente como bien común
El paraguas de vinilo transparente que se vende en cualquier konbini, casi siempre por bastante menos de 1.000 ¥, es el objeto más corriente de un aguacero japonés. Como cientos de ellos son idénticos, un paragüero lleno pone a prueba en silencio la honradez de todos, y llevarse uno que no es tuyo sigue siendo llevárselo. Ata una tira de cinta washi o una goma del pelo al mango para poder reconocer el tuyo.
Fuera, las cortesías son pequeñas. Lleva el paraguas cerrado con la punta hacia abajo y pegado al cuerpo, y no lo sostengas en horizontal en escaleras o escaleras mecánicas, donde los carteles de las estaciones muestran la punta golpeando a quien va detrás. Sacúdelo unos pasos antes de la puerta, no en la misma entrada. Nada de esto está escrito en ningún sitio que un visitante vaya a leer, pero la gente de la fila se da cuenta.
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