Traducido del inglés. Se agradecen correcciones.
Dos días en Kitsuki y Usuki, las ciudades castillo de Oita más allá del vapor de Beppu
En la estación de Kitsuki no hay nada antiguo que ver. Hay un aparcamiento, una parada de autobús y una máquina expendedora que zumba junto a la fila de taxis. La ciudad castillo queda unos kilómetros al este, entre dos lomas que dominan una bahía poco profunda. Ese breve trayecto es la primera pista de que este rincón de Oita se trazó para pies y caballos, mucho antes de que llegara el tren. Casi todos los que visitan la prefectura van directos a las fumarolas de Beppu. Estos dos días van, en cambio, a las ciudades castillo que la flanquean: Kitsuki (杵築) al norte y Usuki (臼杵) al sur. Renuncias a las multitudes de las aguas termales y a cambio te quedas con cuestas, callejas de piedra y una ladera de budas tallados directamente en la roca.
Kitsuki, una ciudad construida como un sándwich
Los folletos locales llaman a Kitsuki «ciudad castillo con forma de sándwich», y el nombre le sienta bien. Las familias samuráis vivían en dos mesetas, Kitadai (北台) al norte y Minamidai (南台) al sur. Los comerciantes ocupaban el valle entre ambas. Por ese trazado, caminar aquí es subir sin descanso, y la altura delata la posición social: cuanto más alta la calle, más alto el rango de quienes vivían en ella.
坂の上に武家屋敷、谷に商家——杵築の町は、その高低差で身分を描いていた。
La vista más célebre cruza el valle entre dos cuestas. Suya-no-saka (酢屋の坂, la cuesta de la vinagrería) y Shioya-no-saka (塩屋の坂, la cuesta de la tienda de sal) deben su nombre a los comerciantes que antaño negociaban a sus pies. Se miran de frente por encima de la calle de los mercaderes, así que desde lo alto de una ves el valle a tus pies y, enfrente, la otra subiendo en línea recta. Casi todos los carteles de la ciudad usan esta vista. Llega temprano por la mañana, antes de que aparquen las furgonetas de excursiones, y la tendrás solo para ti, salvo por alguna moto de reparto. A pocos pasos, Kanjoba-no-saka (勘定場の坂) asciende en peldaños de piedra anchos y bajos que, según se dice, se tallaron para caballos y porteadores de palanquines. Cada escalón es un poco demasiado largo para una zancada normal, así que acabas dando paso y medio en cada uno, una sensación curiosa.
Casas samuráis, un pequeño torreón y la cuestión del kimono
Varias residencias antiguas de Kitadai están abiertas al público. La residencia Ohara (大原邸) tiene techo de paja y un jardín que se contempla desde la galería. Las casas Isoya (磯矢邸) y Nomi (能見邸) son más pequeñas y silenciosas. Dentro, te descalzas en el escalón de la entrada, pisas tatami y miras afuera a través de puertas correderas enmarcadas como cuadros. La entrada a algunas casas es de pago, y se han ofrecido entradas combinadas. Antes de empezar a pagar casa por casa, pregunta en el punto de información turística junto a la terminal de autobuses qué está a la venta en ese momento.
El castillo de Kitsuki se alza sobre un promontorio donde el río Yasaka (八坂川) se encuentra con la bahía de Morie (守江湾). El torreón es una reconstrucción modesta: se sube por la vista más que por el edificio. Con la marea baja, la bahía se vacía y deja marismas grises surcadas de canales. Las garzas aguardan en los bajíos y el agua destella plateada cuando cambia la marea. A tu espalda se alinean las lomas de los barrios samuráis, y desde aquí arriba la forma de sándwich resulta evidente.
Kitsuki se promociona como un lugar para pasear en kimono. Las tiendas de alquiler del barrio de los comerciantes se encargan de vestirte, y algunos sitios de la ciudad han ofrecido pequeñas ventajas a quienes lo llevan. Pide la lista vigente en la oficina de turismo en lugar de darlo por hecho. Un consejo de experiencia: las cuestas cuestan más con sandalias zori de lo que parece. Las piedras son irregulares y están pulidas por el uso, y las bajadas exigen cuidado.
Comer de una ciudad a otra
La cocina casera de Oita aparece a ambos lados de Beppu. El toriten (とり天) es pollo en un ligero rebozado de tempura que se moja en salsa de soja avinagrada con un toque de mostaza karashi. El ryukyu (りゅうきゅう) es pescado crudo en láminas marinado en soja, sésamo y jengibre; se come sobre arroz o, al final de la comida, se convierte en un chazuke bañado en caldo. El dango-jiru (だんご汁) es una sopa de miso llena de verduras de raíz y fideos de trigo planos estirados a mano. Es contundente y le va bien a una tarde gris. La kabosu (かぼす), un pequeño cítrico verde, se corta y se exprime sobre casi todo.
Las barras donde se almuerza en la calle comercial de Kitsuki suelen tener menús escritos a mano en japonés y cierran temprano o en días irregulares. Fíjate en el noren y en el cartel de la puerta antes de organizar el día en torno a una de ellas. Para pasar la noche entre ambas ciudades, la base práctica es la ciudad de Oita. Está en la línea JR Nippo (日豊本線), así que por la mañana puedes llegar a Usuki sin desandar camino, y sus izakaya sirven los mismos platos hasta tarde.
Usuki, donde las callejas de piedra pasan junto a los templos
El casco antiguo de Usuki está lo bastante cerca de la estación como para ir a pie. Su corazón es el camino histórico de Nioza (二王座歴史の道), un pequeño nudo de callejas empedradas con piedra tallada, flanqueadas por muros de templos, almacenes de tierra y tramos de escaleras que aparecen de improviso. La piedra es blanda y pálida, y se oscurece tras la lluvia. Aquí los pasos suenan distinto que sobre el asfalto de la calle de al lado. Muy cerca, la calle comercial Hachimachi-oji (八町大路) conserva el trazado de una antigua vía de mercaderes, y junto a las fábricas de salsa de soja y miso de Usuki el aire tiene un leve olor salado y fermentado.
Las ruinas del castillo de Usuki (臼杵城跡) se asientan sobre lo que fue una isla, Niujima (丹生島), hoy rodeada de terreno ganado al mar. El castillo se construyó bajo Otomo Sorin (大友宗麟), señor de Bungo en el siglo XVI, y sus murallas de piedra y una puerta reconstruida aún se alzan sobre la ciudad. La comida de Usuki es austera y muy suya. La kirasu-mameshi (きらすまめし) mezcla recortes de pescado con okara, que aquí llaman kirasu. El ohan (黄飯) es arroz teñido de amarillo con gardenia que se sirve con un guiso de verduras y pescado llamado kayaku. Usuki también es conocida por el fugu, que preparan cocineros con licencia, sobre todo en los meses fríos. Pregunta el precio en el restaurante de antemano, porque es una comida de ocasión especial.
Los budas de la ladera
Los Budas de Piedra de Usuki (臼杵石仏) están a unos kilómetros de la ciudad, y son la razón por la que muchos hacen el viaje. Talladas en blanda roca volcánica entre finales del periodo Heian y el periodo Kamakura, las figuras se reparten en grupos: los grupos Hoki (ホキ石仏), Sannosan (山王山石仏) y Furuzono (古園石仏). Un sendero los une en un circuito entre cedros y bambú. Unos tejadillos de madera protegen las tallas de la lluvia, así que las ves en una penumbra que suaviza sus rostros.
El grupo Furuzono alberga el Dainichi Nyorai (大日如来) central. Durante mucho tiempo, tras siglos de erosión, su cabeza descansó en el suelo, a los pies del cuerpo. Los restauradores la han devuelto a su sitio, y los paneles del sendero muestran fotografías de su aspecto anterior. Las tallas son Tesoro Nacional, y el lugar es tan sereno que se oye correr el agua en la acequia que bordea el camino. Dedícale una hora sin prisas, o más. Lleva calzado con buen agarre, porque los escalones de piedra entre grupos resbalan después de la lluvia.
Cómo llegar, cuándo ir y el único error
El aeropuerto de Oita está en la península de Kunisaki, más cerca de Kitsuki que de la ciudad de Oita. Hay autobuses del aeropuerto hacia Beppu y Oita, y en el mostrador de información del aeropuerto pueden confirmarte la conexión vigente con Kitsuki. En tren desde Fukuoka, los expresos limitados de la línea JR Nippo van hacia Oita, y algunos paran en Kitsuki. Comprueba cuáles en el horario de JR Kyushu antes de reservar. Para Usuki, toma la misma línea hacia el sur desde Oita, en un tren local o en uno de los expresos limitados que paran allí. Desde el puerto de Usuki, un ferri cruza a Yawatahama, en Shikoku, así que la ciudad funciona bien como puerta de entrada a Ehime. Confirma el horario con la naviera.
La primavera y el final del otoño son las estaciones más amables para las cuestas. El verano es húmedo, y con el calor las subidas de Kitsuki parecen más empinadas. A principios de noviembre, Usuki celebra el Takeyoi (竹宵), cuando las callejas de piedra se llenan de velas dentro de cañas de bambú cortadas. Las fechas se fijan cada año, así que consúltalas con la oficina municipal de turismo de Usuki. Las entradas a las casas, el acceso a los Budas de Piedra, el alquiler de kimonos y las tarifas de autobús cambian de vez en cuando. Los puntos de información turística de cada ciudad pueden indicarte precios y horarios actualizados.
El error que debes evitar es confundir la estación con la ciudad. En Kitsuki, el casco antiguo queda a un trayecto en autobús o taxi del andén, y los últimos autobuses de regreso salen antes de lo que cabría esperar. En Usuki, la ciudad se recorre a pie, pero a los budas no se llega caminando, y los autobuses hacia el recinto pasan con poca frecuencia. Apunta tu autobús de vuelta antes de salir y luego camina sin mirar el reloj.
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