Traducido del inglés. Se agradecen correcciones.
El suelo elevado es la instrucción: dónde se quitan los zapatos en Corea
En un restaurante de gukbap cerca de Jongno 3-ga (종로3가), el salón se divide en dos. Junto a la puerta, mesas de acero sobre baldosas. Al fondo, una plataforma de madera se eleva más o menos a la altura de la espinilla, con mesas bajas y cojines planos, y a lo largo de su borde descansa una fila de zapatos: botas de trabajo, zapatillas con el talón aplastado, un par de mocasines lustrados. Encima, un cartel plastificado advierte que el restaurante no se hace responsable del calzado perdido. Nadie explica la regla. El escalón es la explicación.
La altura del suelo es la regla
En los edificios coreanos, la línea entre el calzado puesto y el calzado fuera se traza con la altura, no con carteles. Las casas se abren a una entrada hundida llamada hyeongwan (현관), donde se quedan los zapatos; el suelo de la vivienda empieza un escalón más arriba, y ese escalón marca dónde termina el exterior. Los restaurantes toman prestada la misma gramática. Un suelo elevado de madera o revestido de vinilo significa que los zapatos se quitan; baldosas con sillas, que se quedan puestos.
Los dos tipos de asiento tienen nombre. Sentarse en el suelo es jwasik (좌식); mesas y sillas, ipsik (입식). Muchos restaurantes antiguos han convertido salas de un tipo al otro porque se lo pedían clientes con las rodillas rígidas, y una pregunta que oirás en la puerta es ipsik isseoyo (입식 있어요): si hay sillas. Si aun así el personal te señala la plataforma, lo habitual es que las sillas estén ocupadas.
En la plataforma del restaurante
Los zapatos van al pie del escalón, uno junto al otro, no desperdigados donde el siguiente tenga que pasar por encima. Algunos locales tienen un zapatero bajo, un sinbaljang (신발장), con compartimentos numerados; otros te dan una bolsa de plástico para que tus zapatos viajen contigo hasta la mesa. Los habituales leen el cartel del calzado perdido como simple decoración, pero explica por qué quien lleva buen cuero se queda con la bolsa.
신발 분실 시 책임지지 않습니다.
El verdadero precio se paga en tiempo y en calcetines. Las botas de cordones retienen a una mesa de seis en el escalón cuando todos se levantan para irse, y tus calcetines quedan a la vista durante toda la comida. La mayoría de los comensales se sienta con las piernas cruzadas, una postura llamada yangbandari (양반다리); si tus rodillas no se doblan, recoger ambas piernas hacia un lado es lo común. Estirar los pies bajo la mesa baja hasta invadir el espacio del vecino atrae miradas, y lo mismo ocurre si pisas los cojines planos, bangseok (방석), que son solo para sentarse.
Los baños públicos funcionan con dos llaves
En un jjimjilbang (찜질방) o en un mogyoktang (목욕탕) de barrio, los zapatos se quitan primero y van a una pared de pequeños casilleros junto a la entrada. Esa llave, a menudo sujeta a una pulsera elástica, hace después algo más que guardar tus zapatos: en muchos lugares se entrega en el mostrador a cambio de la llave del casillero para la ropa, y se vuelve a cambiar a la salida. Si la extravías, te quedas en la salida en calcetines mientras el personal busca una de repuesto.
Pasado el mostrador, las reglas del suelo cambian otra vez. El vestuario se recorre descalzo, la zona de baño está mojada y a las salas calientes compartidas se entra con el holgado conjunto de algodón que entrega el local. El precio de entrada, el posible cargo extra por pasar la noche y si ese conjunto y una toalla están incluidos varían de un baño a otro; el tablero de precios sobre el mostrador es donde consultarlos.
Templos y hanok: la piedra bajo el suelo
Los edificios tradicionales colocan el suelo elevado sobre una veranda de madera, el toenmaru (툇마루), con una piedra plana a modo de escalón debajo, llamada daetdol (댓돌). Los zapatos se quedan en la piedra. En un templo, esto aparece en la sala principal —el daeungjeon (대웅전) en muchos templos—, donde los visitantes pueden entrar para hacer una reverencia o sentarse en silencio; los zapatos se dejan sobre la piedra o en el suelo exterior y nunca se llevan dentro.
Usa una puerta lateral. Las puertas centrales de una sala principal, las eoganmun (어간문), se reservan por costumbre a los monjes de mayor rango, y los visitantes laicos entran y salen por los lados. Dentro, la gente bordea los márgenes en lugar de cruzar por el centro, justo delante de la imagen de Buda. En una casa de huéspedes hanok de Bukchon (북촌) o Jeonju (전주), el suelo suele ser ondol (온돌) radiante, y la piedra para los zapatos puede estar frente a tu propia habitación en vez de en la entrada del recinto, lo que obliga a calzarse cada vez que cruzas el patio hacia un baño compartido.
Probadores, clínicas y las sandalias del baño
Las tiendas de ropa de Myeong-dong (명동) o de la galería subterránea de la estación de Gangnam (강남역) suelen tener probadores con una alfombrilla o un escalón elevado, y los zapatos se quitan antes de pisarlo. Algunas cuelgan además cubiertas faciales desechables en el interior: capuchas de tela fina que evitan que el maquillaje manche una prenda que se pasa por la cabeza; donde las hay, el personal espera que uses una. Algunas clínicas pequeñas, ciertas clínicas de medicina coreana conocidas como hanuiwon (한의원) y las cafeterías con asientos en el suelo tienen pantuflas en la entrada o marcan una línea a partir de la cual se dejan los zapatos.
En las casas y en muchas casas de huéspedes, el baño tiene sus propias sandalias de goma, yoksilhwa (욕실화), porque todo el suelo se moja cuando corre la ducha. Úsalas dentro del baño, quítatelas en la puerta y no las lleves al dormitorio. Dejarlas orientadas hacia la puerta, para que el siguiente pueda calzárselas directamente, es una pequeña cortesía que los anfitriones notan.
Equipaje para el escalón
Los zapatos sin cordones, o con los cordones lo bastante flojos como para quitártelos sin agacharte, ahorran más fricción que cualquier otra cosa, y la diferencia crece en invierno, cuando las botas convierten cada plataforma en una pequeña negociación. Lleva calcetines sin agujeros, y suficientes para cambiarte a mediodía, porque un solo día puede incluir la sala de un templo, un almuerzo sentado en el suelo y un baño público. Llevar un par de repuesto en la mochila es algo normal en Corea, no una manía.
Para visitar templos, las pautas de conducta y vestimenta las da la oficina del templo o el programa Templestay de la Orden Jogye (조계종), y esos son los lugares donde confirmar qué permite cada sala. Los precios de los baños y las normas para pernoctar están en el tablero de cada mostrador, y la línea de asistencia turística 1330 de la Organización de Turismo de Corea puede interpretar un cartel por teléfono. El único error que conviene evitar es subir con los zapatos puestos, aunque sea un segundo, para alcanzar una mesa o pasar algo. En una sala donde, por lo demás, los extranjeros pasan desapercibidos, es el gesto que hace girar cabezas. Quítatelos, o pide a alguien que te acerque lo que necesitas.
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