Traducido del inglés. Se agradecen correcciones.
Tras el arco de ocho patas: la calle Doushan de Shexian y los viejos callejones de Huizhou
A media mañana, los altavoces de la calle principal de la Ciudad Antigua de Huizhou ya pregonan panecillos shaobing y visitas guiadas. Basta apartarse de esa calle, a pocos pasos del arco de piedra, para que el ruido se disuelva. Se oye una escoba sobre las losas, un televisor tras una puerta de madera y el agua que corre por una acequia tallada en el callejón. Es la calle Doushan (斗山街, Dǒushān Jiē), en Shexian (歙县, Shè Xiàn), antigua sede de una prefectura cuyos comerciantes se enriquecieron con la sal y el té a lo largo del Yangtsé. Sus descendientes todavía tienden la ropa entre los hastiales.
El arco y la calle que lo mira
El emblema del lugar es el Arco de Xuguo (许国石坊, Xǔguó Shífāng), una puerta de piedra de la dinastía Ming que se sostiene sobre ocho patas en lugar de las dos o cuatro habituales. Está tallado con leones y con los honores de un funcionario local. Se alza en medio del tráfico del casco antiguo. La mayoría de los visitantes lo fotografían, pasan por debajo y siguen por la calle comercial restaurada hacia el yamen prefectural reconstruido, la antigua sede del gobierno (徽州府衙, Huīzhōu Fǔyá).
Esa calle es agradable y fácil de recorrer: fachadas de teja gris, hornos de panecillos, té en latas de papel y carritos eléctricos para quien prefiera no caminar. Su función es absorber a los excursionistas de un día que llegan desde Huangshan (黄山), la montaña que queda a una hora o poco más al norte, y la cumple bien. La ciudad en la que de verdad vivían los comerciantes está detrás. Sus callejones se desprenden en ángulo recto y enseguida se estrechan entre muros encalados.
La calle Doushan, a una esquina de distancia
La calle Doushan es apenas más ancha que una carretilla. Está pavimentada con largas losas de piedra, y las casas de ambos lados son más altas de lo que el callejón es ancho. Sus hastiales se elevan en escalones, con una forma que los lugareños llaman muros de cabeza de caballo (马头墙, mǎtóu qiáng). Se construyeron como cortafuegos entre vecinos y, vistos desde abajo, recortan el cielo en una franja estrecha. Las puertas se cobijan bajo marquesinas de ladrillo tallado (砖雕门罩, zhuāndiāo ménzhào) con parras, ciervos y letrados bajo los pinos, la mayoría suavizados por la lluvia.
Algunas de las casas más grandes están abiertas como museo, normalmente con una taquilla nada más cruzar la puerta. La mayoría no. Aquí, una puerta entreabierta suele significar que hay alguien en casa, y lo cortés es suponer que la invitación llega hasta donde alcanza la vista desde el callejón.
Dentro de las casas que se pueden visitar, la distribución se repite: un salón alto frente a un pequeño patio abierto llamado tianjing (天井, tiānjǐng), o pozo de cielo. Todos los tejados se inclinan hacia dentro, de modo que la lluvia de los cuatro lados cae dentro de la casa y no fuera. Las familias de comerciantes lo interpretaban como su fortuna quedándose en el hogar.
四水归堂(sì shuǐ guī táng):四面屋檐的雨水,都落进自家的天井。
Al alzar la vista aparecen estrechas galerías de madera en el piso superior, con ventanas de listones que dan hacia dentro y no a la calle. Al bajarla, en el pozo suele haber una pila de piedra cubierta de musgo con unos cuantos peces de colores o una planta en maceta. Las casas son penumbrosas y frescas por diseño, algo que se agradece en julio y mucho menos en enero.
Unos cuantos siglos de familia se resumen en hacer el bien; la primera de todas las cosas buenas sigue siendo estudiar.
Tinta, piedra y las tiendas que las venden
Ese dístico, tallado en una u otra versión en muchos salones de Huizhou, explica las tiendas. Shexian dio nombre a las piedras de tinta She (歙砚, Shè yàn): losas de piedra oscura y grano fino con un pequeño pozo poco profundo para moler la tinta. La región es igual de conocida por la tinta Hui (徽墨, Huī mò), barras de hollín de pino prensado con cola, a menudo moldeadas con caracteres dorados. En las calles más tranquilas del casco antiguo hay talleres donde un tallista trabaja en un banco junto a la puerta, con los cinceles dispuestos sobre una toalla y polvo de piedra en las mangas.
La calidad varía mucho más de lo que sugieren los escaparates. Conviene pedir ver el reverso de la piedra, donde el grano y las marcas naturales se leen con más facilidad; las variedades moteadas y veteadas tienen cada una su propio nombre. También vale la pena pedir a la tienda que anote en el recibo el tipo de piedra y su procedencia. Los precios van del simple recuerdo al nivel de coleccionista y dependen de la piedra, de la talla y de la conversación, así que hay que acordar una cifra antes de que envuelvan nada.
Las barras de tinta son una compra más sencilla y viajan mejor. Molida sobre una piedra lisa con unas gotas de agua, incluso una pequeña desprende un tenue olor a humo de pino. Ese olor es la forma más rápida de entender por qué generaciones de letrados escribieron poemas sobre sus escritorios.
Lo que la mesa de Huizhou pone delante
La cocina de Huizhou es comida de montaña, salada y fermentada para que dure. El plato que la gente se reta a pedir es el chou guiyu (臭鳜鱼, chòu guìyú): perca mandarín curada hasta que desprende un olor intenso y luego estofada hasta que la carne se separa en lascas firmes que los lugareños comparan con dientes de ajo. Sabe mucho más suave de lo que huele. Los restaurantes suelen cobrarlo según el peso del pescado, así que conviene preguntar cómo se calcula el precio antes de que la cocina elija uno.
El maodoufu (毛豆腐, máo dòufu), o tofu peludo, son dados de tofu a los que se deja crecer una suave pelusa blanca y que luego se fríen a la plancha hasta quedar crujientes; se comen con salsa de chile. Los puestos cercanos al arco los fríen en planchas durante todo el día. Los shaobing de Huangshan (黄山烧饼, Huángshān shāobǐng) son pequeños discos hojaldrados rellenos de verduras en conserva y un poco de cerdo. Se pegan a las paredes de hornos de tambor de carbón y se venden por bolsas. En primavera, vale la pena buscar brotes de bambú frescos y daoban xiang (刀板香, dāobǎn xiāng), cerdo curado cocido al vapor sobre la misma tabla de madera en la que se cortó.
Bajando al río en Yuliang
Shexian se asienta donde el río Lian (练江, Liàn Jiāng) se curva bajo las viejas murallas, y el mejor paseo de la ciudad sigue el agua. El puente Taiping (太平桥, Tàipíng Qiáo) cruza a la otra orilla sobre una larga sucesión de arcos de piedra. Cerca del puente se alza la Torre Taibai (太白楼, Tàibái Lóu), llamada así por el poeta de la dinastía Tang Li Bai. Poca gente se detiene allí, y la vista de vuelta hacia los hastiales es limpia.
Río abajo, Yuliang (渔梁, Yúliáng) era el puerto de la antigua ciudad. Desde aquí partían los comerciantes en barco por el río Xin'an (新安江, Xīn'ān Jiāng) rumbo a Hangzhou y la costa. El pueblo conserva una larga calle empedrada y de contraventanas de madera. Al final está la presa de Yuliang (渔梁坝, Yúliáng Bà), un amplio azud de piedra cuyos bloques están trabados entre sí con llaves de piedra para que el río pueda derramarse por encima sin desarmarla. A última hora de la tarde quizá se vea a gente caminando por lo alto, allí donde está abierto el paso, pescando desde el borde o lavando verduras en el agua mansa de abajo.
A Yuliang se puede llegar a pie desde el casco antiguo siguiendo el río o con un breve trayecto en taxi. Mejor ir tarde: la razón es el regreso al anochecer, cuando las murallas se iluminan sobre el agua y la calle comercial ya se ha vaciado.
Cómo llegar, dónde dormir y el otro Huizhou
La estación de Shexian Norte (歙县北站, Shèxiàn Běi Zhàn) está en la línea de alta velocidad entre Hangzhou y Huangshan. La mayoría de los trenes desde Hangzhou Este tardan menos de dos horas, y Huangshan Norte queda a un breve tramo más allá. Desde la estación, un taxi o un autobús local lleva hasta el casco antiguo. Conviene consultar horarios y plazas en la aplicación ferroviaria 12306, porque el número de servicios cambia según la temporada.
El error que vale la pena evitar es una cuestión de ortografía. Huizhou (徽州), en Anhui, y Huizhou (惠州), en Guangdong, se escriben igual en su forma romanizada, y las aplicaciones de mapas y de transporte con conductor no tendrán reparo en llevar al viajero al equivocado. Hay que escribir 徽州古城 en caracteres y comprobar que la provincia indica 安徽 antes de confirmar.
Las casas de huéspedes (民宿, mínsù) instaladas en viviendas antiguas rehabilitadas son el motivo para pasar la noche. Cabe esperar habitaciones en torno a un pozo de cielo, empinadas escaleras de madera, paredes finas y algo de humedad. Las casas tan al sur del Yangtsé no suelen tener calefacción central, así que en invierno conviene preguntar si la habitación cuenta con aire acondicionado que caliente o con una manta eléctrica. Los callejones se quedan en silencio temprano, así que es mejor planear la cena antes de que se haga tarde.
De abril a mayo y de octubre a noviembre el clima es templado. En marzo, la campiña de los alrededores se tiñe de amarillo con la colza. En junio, las lluvias de las ciruelas (梅雨, méiyǔ) vuelven resbaladizas las losas, y las fiestas nacionales de principios de mayo y de principios de octubre traen multitudes. Las casas con entrada y el yamen a veces comparten una entrada combinada, así que conviene confirmar qué incluye y los horarios de apertura en la taquilla o en la cuenta oficial de WeChat del área escénica. Sobre todo, no hay que tratar Shexian como una parada de medio día camino de Huangshan. Una noche aquí regala los callejones a las siete de la mañana y el río al anochecer, y esas son las horas en que esta ciudad merece verse.
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