Traducido del inglés. Se agradecen correcciones.
El callejón Jiadi de Chaozhou, donde el té aún se prepara en la puerta de casa
La mayoría de quienes visitan Chaozhou recorren la calle Paifang de punta a punta y se marchan por el puente Guangji. La ciudad antigua está a pocos pasos, en callejones residenciales donde las familias todavía preparan té en el umbral de sus casas.
La calle restaurada y los callejones de detrás
La calle Paifang (牌坊街, Páifāng Jiē) se reconstruyó a finales de la década de 2000. Se rehicieron sus arcos conmemorativos, y hoy sus tiendas venden tentempiés y recuerdos. Los callejones que salen de ella son más tranquilos y estrechos, y la mayoría solo lleva como señal una placa azul con su nombre.
El callejón Jiadi, puerta a puerta
El callejón Jiadi (甲第巷, Jiǎdì Xiàng) merece recorrerse sin prisa. Sus casas con patio de la época Qing conservan marcos de granito en las puertas, dinteles de madera tallada y tejados rematados con qianci (嵌瓷). El qianci es un oficio propio de Chaozhou: se cortan fragmentos de porcelana y se incrustan en yeso para formar flores, aves y figuras. La mayoría de estas casas siguen habitadas, así que conviene mirar desde el umbral, sin cruzarlo.
Hay que llegar temprano. A las ocho ya hay bicicletas apoyadas contra la piedra y alguien baldea un escalón, mientras en una radio suena bajito la ópera de Chaozhou. A última hora de la tarde, la luz se cuela entre los aleros y las tallas se ven con más nitidez que nunca.
Té en el umbral
Aquí el té gongfu (工夫茶, gōngfu chá) es una costumbre doméstica, no un espectáculo. Basta una pequeña tetera de barro, tres tazas del tamaño de un dedal y, por lo general, oolong dancong de Fenghuang (凤凰单丛, Fènghuáng dāncóng), procedente de las montañas al norte de la ciudad. A los visitantes que se detienen con discreción a veces los invitan con un gesto a sentarse en un taburete bajo. La taza se toma con ambas manos, se bebe en dos o tres sorbos y se devuelve a la bandeja.
茶三酒四游玩二。
El dicho local, chá sān jiǔ sì yóuwán èr, sostiene que el té se comparte mejor entre tres, el vino entre cuatro y un paseo entre dos. Le sienta bien a estos callejones, tan estrechos que se recorren mejor de dos en dos.
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